Oz, un Mundo de Fantasía: un lugar sobre el arcoíris

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Oz, un Mundo de Fantasía: un lugar sobre el arcoíris

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Oz, un Mundo de Fantasía es una de las películas con las que más he disfrutado últimamente, y lo digo sin el más mínimo brote de pudor, aún después de alguna mala crítica que he leído y que no comparto.

Hace un mes, más o menos, organizamos una sesión de tarde de cine familiar con la película original de “El Mago de Oz” de 1939 con Judy Garland, lo que recomiendo a todos, porque es un clásico que hay que ver sí o sí, y que debería legarse a las generaciones futuras igual que se hace con el Quijote o con las Meninas de Velázquez (como obra maestra del séptimo arte).

Obviamente aquella tarde disfrutamos a lo grande pues se trata de una obra de arte en cuanto a música, escenografía, contenido, diálogos… y es un trabajo por el que no pasa el tiempo. Así que afrontar el enorme y arriesgado reto de crear una historia anterior a la que surge cuando un tornado arranca de la tierra de Kansas a Dorothy hasta que llega a presencia del Mago, sin dejar un cabo suelto, y conseguir hacerla creíble, bufff, me parecía muy difícil. Y reconozco que acudí al cine esta vez con verdadero resquemor porque a los frikis como yo nos da pánico que los guionistas nos echen por tierra un trabajo cuando ya hemos caído en sus redes.

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Así que después de esto, digo sin rubor: “Oz, un Mundo de Fantasía”, me ha encantado. Desde el principio hasta el fin, no encontré un solo fotograma que me permitiera tomarme un segundo para pestañear. Es más, en mitad de la sala (fui un miércoles, y en el HeronCity con el pack familiar es más barato) con mis gafas 3D, viví verdaderas experiencias de simulador, en las que si me hubieran echado gotitas de agua en la cara me habría creído estar montado en aquella atracción de Los Rápidos del Parque de Atracciones, o si me soplan habría jurado que me encontraba volando en la Montaña Rusa.

La escenografía, la fotografía, el color, las formas de los edificios, el campo de amapolas, la ciudad Esmeralda, el pueblo de los Munchkin, la plaza, las grandes puertas, los pasadizos elevados, las escaleras, las fuentes, el camino de baldosas amarillas… todo está igual: es OZ, pero más a lo grande, más fantástico, e increíblemente más maravilloso.

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Es un mundo del color de piedras preciosas, de oro, de rubíes y esmeraldas, del azul del lapislázuli, del blanco de la piedra de luna, de la turmalina y la turquesa: un lugar sobre el arcoíris. Es un mundo en el que conviven en armonía criaturas felices, enanos, artesanos, quadlings, y muñecas de porcelana, en el que los deseos se alcanzan cuando el individuo se descubre a sí mismo, sin magia, como le ocurrió al hombre de hojalata que anhelaba un corazón, al león que deseaba ser valiente, y al espantapájaros que buscaba un cerebro.

Oz es un mundo fantástico en el que entrar provoca un bienestar somnoliento como el que produce quedarse dormido al sol en una playa desierta.

Del reparto, ¡Qué decir! No hay una Judy Garland, ¡eso es muy difícil!, pero tanto el mago James Franco, como las tres brujas, Mila Kunis (Theodora), Rachel Weisz (Evanora) y Michelle Williams (Glinda), están extraordinarios. Aunque confieso que me hubiera gustado ver a Johnny Depp en el papel protagonista.

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Personalmente me inclino por el trabajo de Mila Kunis como Theodora, la bruja mala del Este, y por esa adaptación camaleónica en cada etapa del proceso de transformación que sufre a lo largo del film. Y de cómo lo va evidenciando desde el principio con sutiles detalles que surgen de su ropa, sus movimientos, de lo que dice… Me parece un personaje al que se le podría dedicar un estudio más profundo, como he visto que han hecho en otros blogs, como en la wikia de Disney, donde comparan el origen de su maldad con el de Anakin Skywalker de Star Wars, ambos, seres corrompidos por el villano, que se dan cuenta del engaño sufrido cuando ya es demasiado tarde.

Son malos que atraen, malos moldeados por el dolor, con una historia digna hasta de dedicarles un musical: “Wicked” (uno de los mejores de Broadway, basado en las brujas de Oz).

La historia de OZ, el mago canalla y de pacotilla que nos presenta Disney, es punto y aparte. Es protagonista de varios volúmenes de aventuras creados por Lyman Frank Baum en 1890 (por eso en la escena del circo se puede ver una carreta con la inscripción: “Baum Brothers Circus”), es el personaje que da título a la película que Víctor Fleming llevó al cine en 1939, pero es ahora y no antes, cuando conocemos su verdadero origen de la mano de Sam Raimi, en 2013.

Lo curioso es que en la versión original en inglés siga siendo el protagonista y título de la película “Oz, The Great and Powerful” (Oz, el grande y poderoso), y en la traducción al castellano el personaje sea relegado por el mundo que le ha tocado proteger y reinar “Oz, un Mundo de Fantasía”. Un lugar que toma su nombre de las iniciales OZ que aparecen dibujadas en el globo aerostático en el que el mago llega a esta tierra de ensueño, y que no son más que las primeras letras de su nombre: Óscar Zoroastro Phadrig Isaac Norman Henkel Emmannuel Ambroise Diggs, cuyo acrónimo sería OZPINHEAD (Oz, cabeza de alfiler).

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¡Cúantas más cosas diría de esta extraordinaria película! Pero no quiero cargar el post. Los títulos, originalísimos, van capturando la atención del espectador como invitándonos a entrar en el agujero del árbol de Alicia, cayendo lentamente a un nuevo mundo.

El comienzo en blanco y negro, aunque era de esperar, es un perfecto preludio de la obra posterior, cargado de simbología y detalles (la niña inválida-la muñeca de porcelana, el ayudante al que llama mono de feria-Finley el mono alado).

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La película respeta la misma estructura del trabajo original de Víctor Fleming, para el que “OZ, un Mundo de Fantasía” tiene continuos y continuos guiños, que puedes o no puedes ver. ¡Te reto a buscarlos! El león, el espantapájaros, el hombre de hojalata, están presentes. Los guardias Winkie de la bruja, y su escoba que tendrá que recuperar Dorothy a petición del mago.
Y no se hace mención a los zapatos de rubíes, ni al “Somewhere over the rainbow”, por problemas de derechos, pero he querido recuperar esta canción para el blog, y aquí la dejo.

No suelo comprar DVDs pero sé que “OZ, un Mundo de Fantasía” estará algún día en mi estantería porque será de esas películas que no me cansaré de ver y de escuchar, llena de mensajes, de los que me guardo y comparto sin duda el deseo de China Girl. Como aquella memorable tarde de cine en familia, en la que me quedé con la famosa frase que Dorothy pronuncia, golpeando sus tacones, para cumplir el deseo de regresar a Kansas: “No hay lugar como el hogar” o como se tradujo aquí “Se está mejor en casa que en ningún sitio”.

Estrella Álvarez

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