Mi boda con Juan, un click de Playmobil

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Mi boda con Juan, un click de Playmobil

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Me enamoré como una loca el primer día que le vi con esa eterna sonrisa que le caracteriza. Sus dos ojitos redondos como puntitos de lápiz no dejaban de mirarme y su cara rosada me transmitía tanta paz y felicidad que enseguida lo supe: desde ese primer encuentro yo quedaría cautivada para siempre de Juan, nombre que le puse a mi primer click de Playmobil.

Los primeros días que pasamos juntos -ya se sabe-, como en todas las historias de amor, fueron los mejores. Nos rodeamos de nuevos amigos, y comenzamos a planear una vida en común. Nos compramos una gran casa victoriana de dos pisos y buhardilla, que fuimos amueblando poco a poco, habitación por habitación: Un salón señorial, con chimenea y salida a una extensa terraza, una cocina a la que no le faltaba un detalle, un amplio dormitorio con todos los muebles a juego. Y nos compramos el coche, un descapotable amarillo de época con el que me paseaba con mis amigas por la amplia avenida. Pero para eso, antes tuvimos que extender la calle, con las farolas, los bancos para los amantes y los vagabundos, una valla que rodeaba la casa, que encargamos en Londres porque no la vendían en España, y que nos costó el sueldo de un mes.

Con el tiempo llegaron niños, unos 15 o 16, para los que compré camas y les instalé un colegio con su pizarrita y todo, en un nuevo tercer piso que ampliamos bajo la buhardilla.

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Necesitamos ayuda en la gran mansión y vinieron camareras, cocineros y niñeras. Y en la calle empezaron a emerger tiendas: una floristería, la pescadería, sombrerería… y llegó el hombre del organillo que trajo música al barrio, el deshollinador, una garita con sus soldados… Y crecimos tanto que hubo que construir otra casa, y otra, y hubo que contratar un camión de mudanzas verde. ¡Qué gran adquisición! Recuerdo como si fuera ayer el día que cayó en mis manos, con su simpático conductor siempre encopetado con su gorrita marrón, dispuesto a echar una mano en lo que hiciera falta. ¡Cuántos muebles transportamos! ¡Y animales! Porque enseguida la ciudad se llenó de perros, gatos, pollos, palomas, cerdos, conejos…

Pero no fue hasta unos años después que Juan me pidió matrimonio y construir la iglesia, montar el banquete y salir radiantes hacia nuestra luna de miel en nuestro descapotable de época engalanado, fue toda una aventura.

Una aventura que sigo reviviendo cada vez que desempolvo mis clicks de Playmobil de la serie rosa 1900. No me extraña que estos muñequitos que inventó Hans Beck, siendo jefe de desarrollo de Geobra en 1971, tengan tantos seguidores por todo el mundo, porque son el resorte perfecto para activar la imaginación en el juego, lo que nos permite vivir nuestra fantasía personal como más nos guste. Y hay temas para todos: Circo, teatro, selva, Egipto, piratas, medievales, alienígenas, vikingos, médicos, princesas, elfos… Ah, y otra cosa a su favor, es de los pocos juguetes que se revalorizan con el tiempo (si los conservas bien, claro).
¡Felices click Navidades!!

Estrella Álvarez



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