La Isla del Tesoro en el Teatro Sanpol

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La Isla del Tesoro en el Teatro Sanpol

Siempre es un momento perfecto para adentrarse en una gran aventura de piratas. Esta tarde escogimos el título por excelencia de cuantas historias de bucaneros se hayan escrito en la literatura para jóvenes: La Isla del Tesoro, que representa la compañía La Bicicleta, en el teatro Sanpol, en Madrid.

¿Sabías que todo el argumento de la obra que escribió el escocés Robert Louis Stevenson, y que fue publicada en 1883, nació de un boceto en acuarela del mapa de una isla que dibujó su hijastro Lloyd Osbourne? Durante un verano en Braemar, un pueblo de Aberdeenshire en Escocia, mientras Lloyd perfilaba en un lienzo, sin saberlo, lo que iba a ser el escenario de la fantasía de los niños de las siguientes generaciones, Stevenson comenzó a ver surgir del dibujo todo un mundo de goletas, piratas, loros, cofres, tesoros, islas, palmeras, patas de palo… historias donde se mezclarían conceptos como el poder, la ambición y el dinero.

Que este clásico de la literatura infantil y juvenil esté versionado por la Compañía La Bicicleta ya es garantía de un texto cuidado y lo más fiel posible a la obra original, lo que no defrauda nunca a quien pretende encontrar en escena las mismas sensaciones que se obtienen con la lectura del libro. Sus actores, -ya unos veteranos de la interpretación-, defiendes sus papeles “con uñas y dientes”, como verdaderos filibusteros, y, como es costumbre en todas las obras de La Bicicleta destaca la actuación de Germán Torres, en esta ocasión encarnando al malo de pata de palo, John Silver. Y es de valorar también el gran esfuerzo de Enrique Lestón como el joven protagonista Jim Hawkins, el antihéroe que por suerte del destino se ve embarcado en una aventura que desde el principio le viene grande, pero que al final es de quien surgen las mejores ideas para salir de los aprietos y quien posee los sentimientos más nobles.

Resulta chocante que no aparezca ni una sola protagonista femenina en la función, y se echa de menos siendo un espectáculo para niños y niñas. ¡Pero claro!, es que en el texto original no las hay, al parecer, como petición expresa de Lloyd al autor, que solía leer a su familia cuanto escribía, solicitando sugerencias para configurar la historia. Por ejemplo, la idea de que el joven Jim Hawkins descubriera la traición del pirata John Silver, escondido en un barril de manzanas, fue una aportación del padre de Stevenson.

De esta versión teatral del Sanpol me quedo sin duda con la dirección musical de Ángel Padilla, también autor de las letras de las canciones junto a Julio Fischtel, pues los mejores momentos son los protagonizados por todas las voces del elenco -buenas voces-, entonando: “Ron, ron, ron, la botella de ron”. Te recomiendo que lo escuches en el siguiente vídeo.

Como verás, el vestuario está cuidado, y el decorado son proyecciones de dibujos con animación que te ayudan a imaginarte dentro de un cuento, y que aunque para teatro yo me inclino más por la escenografía clásica de telas y cartones en superposición, reconozco que en este caso la visualización de un mar en movimiento de fondo, con el reflejo del sol y la luna, se agradece en todas las escenas.

No quiero terminar sin dar mi enhorabuena y reconocer el mérito de la sala Sanpol que lleva treinta años dedicada a fomentar la cultura entre los más pequeños, realizando un trabajo minucioso y cuidado, que se refleja en cada rincón del teatro y en cada una de sus producciones, manteniendo precios muy asequibles (12 €).

En este enlace tienes información de dónde está el Teatro Sanpol, horarios de las funciones, cómo ir, dónde aparcar, y también puedes aquí comprar las entradas.

Estrella Álvarez

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