Desayunando con Elvira Lindo y su Mejor Manolo

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Desayunando con Elvira Lindo y su Mejor Manolo

Qué mejor manera de inaugurar este blog dedicado al ocio de los más jóvenes de la casa, que con la escritora Elvira Lindo y su personaje más famoso, tan cercano, tan de Carabanchel, y tan de la calle,  como es Manolito Gafotas, que se ha hecho un poquito mayor: ahora es Mejor Manolo.

Elvira Lindo ha sido protagonista de uno de los Desayunos Literarios en el Teatro Caser Calderón en el que participaron chicos y Portada del libro "Mejor Manolo" de Elvira Lindochicas de varios colegios de Madrid. El encuentro ha resultado atrayente y divertido, como lo son sus obras y su manera de escribir, que tanto me hacen reír y llorar. “No se puede escribir humor sin una buena dosis de melancolía y de insatisfacción con el mundo”, nos ha dicho. Una frase que define perfectamente su estilo.

De Manolito a Mejor Manolo han pasado varios años pero para Elvira Lindo era un libro que estaba obligada moralmente a publicar, ya que en el último capítulo había dejado a la madre de Manolo y de su hermano El Imbécil,  embarazada, y así no podía terminar la historia de un personaje tan famoso, que creó con su propia voz, como colaborador ficticio de un programa de radio nocturno en el que participaba. En el teatro hemos podido escuchar una de esas intervenciones radiofónicas de hace años, de Elvira –hoy ruborizada oyéndose- convertida en Gafotas, y nos hemos reído tanto que es fácil entender que el texto de Manolito, saltara a la gran pantalla y se tradujera a veintisiete idiomas. Nos ha contado su autora que nunca pretendió escribir un libro infantil y que ello le supuso problemas ya que “al escribir para adultos me he saltado las barreras que tienen los libros para menores”. Pero como dice: “es que yo no quiero hacer libros con personajes que sean un buen ejemplo, quiero que sean como son”.

Al encontrarse ante un público joven Elvira Lindo ha aprovechado la ocasión para transmitir optimismo por el futuro a las próximas generaciones. Ha empujado a luchar a cada uno por su verdadera vocación sin venirse abajo a la primera de cambio, por abrirse al mundo, viajar, ser tolerantes, entender que las cosas se pueden hacer de muchas maneras, y que estar bien educado es una oportunidad de tener un mejor futuro.

Y entre todo esto, Elvira, siempre sencilla y cercana, nos ha contado su vida como una amiga más: Nos ha hablado de su perrita Lolita que es como Penélope Cruz, que nació en Alcobendas y vive a caballo entre Madrid y Nueva York; nos ha confesado su dolor por esas conversaciones inacabadas con su madre a la que perdió con dieciséis años –lleva un broche grande en la solapa de la chaqueta con una foto tratada, de ella-; cómo le influyó el libro “Mujercitas” y el personaje de Joe la niña que escribía; cómo le importaba tanto que le cayese bien o no un profesor para aplicarse en determinada asignatura; cómo, convencida de que quería ser atleta probó todas las especialidades posibles del atletismo; cómo también quiso ser bailarina porque admiraba a una compañera que lo era, y entonces ella se ponía música y se representaba la muerte del cisne. Y que sus hermanos –como todo los hermanos hacen- ya se encargaron de ponerla “en el lugar del mundo donde tenía que estar realmente”, y la decían que era la muerte del pato, lo que nunca la desanimó. Cómo quiso ser misionera. Y así hasta que se hizo periodista, comenzó a escribir cuentos y guiones para la radio, libros y más libros, entre ellos su preferido “Lo que me queda por vivir”, y “Mejor Manolo”, que con su dedicatoria y firma en la segunda página, empiezo a leer en este preciso momento para pasar una buena tarde, y completar el día.

Estrella Álvarez



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